Tiempos de Sanación
El Evangelio: Tiempos de Sanación
Estamos en una sociedad enferma y adictiva. Cuántas personas, instituciones y empresas ofrecen servicios de salud, cómo han aumentado los pacientes por déficit en salud mental, también crece todo tipo de métodos de psicoterapias y todo tipo de espiritualidades y métodos de meditación para sanar la mente y el cuerpo, tantos complementos alimenticios para tantas necesidades corporales y psíquicas.
Jesús perteneció a la gente de su tiempo que eran sanadores. Para sus contemporáneos no era tan extraño que Jesús sanara. Fueron los racionalistas modernos los que rechazaron los milagros. Hoy los historiadores no rechazan en bloque los milagros y declaran a Jesús como sanador entre los sanadores de su tiempo.
El relato de Marcos 5,21-43 es un relato de sanación de dos personas. Una muchacha de 12 años, en el paso del hacerse mujer capaz de dar vida parece que muere. No ha llegado a dar el paso. Y una mujer adulta sufre de hemorragias durante 12 años, no ha podido engendrar nueva vida y ha gastado sus haberes en médicos sin conseguir mejoría.
Son heridas profundas en lo íntimo de la mujer, y no menos en todo ser humano. Vivir es capaz de dar vida, no se vive para uno mismo sino para otros y por otros, porque venimos a la vida por otros que nos la dan. Un cortocircuito en esa capacidad de dar vida es la muerte para el ser humano sobre la tierra. Sólo nos queda que acoja nuestra vida y la resucite Quien es la Vida y autor de la vida, Dios.
Jesús no se nos ofrece como un sanador más que dispone de un método más. Él viene a sanarnos en lo más íntimo y esencial nuestro, en nuestra capacidad de realizarnos como humanos, en la generación de la vida a imagen de Dios, en la fecundidad de nuestras vidas, si no siempre en sentido biológico, en sentido espiritual, como en el dar vida en nuestro entorno humano hasta dar la vida por aquellos a los que se ama.
Ésta es, pues la sanación, que nos viene a traer Jesús. ¿Cómo acontece? Todo comienza con el “oír hablar de Jesús”. El padre de la muchacha era un jefe de la sinagoga llamado Jairo, había oído hablar de Jesús y se le acerca. La mujer con hemorragias “oyó hablar de Jesús y se le acercó. Todo comienza con el Anuncio del Evangelio. No nos quejemos tanto de la sociedad ni de la generación actual. ¿Sabemos hablarles de Jesús al corazón, de modo que nos puedan escuchar?
Y todo continua con el llegar a “tocar”, el cuerpo a cuerpo del encuentro. Jesús “entró donde estaba la muchacha, la tomó de la mano y le dijo: Contigo hablo, niña, levántate”. Y la mujer adulta con flujos de sangre, atravesando la gente que rodeaba a Jesús, se le acercó y llegó a tocarle sus vestidos. ¡Ser tocado por Jesús o tocar a Jesús! ¿Dónde, si no es en el sacramento?