Cuaresma conviviendo con la fiesta de las Fallas
Comentario del Evangelio del II Domingo de Cuaresma – Parroquia San Lázaro de Valencia
Inevitable en Valencia. Los cristianos seguimos en Cuaresma y no podemos vivir de espaldas a la popular fiesta de las Fallas en homenaje de San José, el carpintero, que no se da mucha importancia y cede la plaza a su mujer María, aquí, la de los Desamparados o Inocentes. Si el título de María nos ayudara a acordarnos de la salud mental en nuestros días…
Hace años en la clase de religión en la escuela, recuerdo que relacionábamos las fallas y la cuaresma en lo que tienen de quemar lo que no va bien en nuestras vidas o en nuestro mundo. Leer las fallas es acoger la crítica social, que cada año dispone de muchos motivos para tomar distancia crítica de personajes, modas o sucesos, que merecen más de alguna corrección crítica. Este ejercicio crítico coincide con la función purificadora y de conversión, propia de la Cuaresma, respecto de lo que no va bien en nuestras vidas.
No anda lejos la fiesta de San José del segundo domingo de Cuaresma en que el evangelio nos narra la Transfiguración de Jesús delante de sus discípulos más íntimos. Y en las oraciones nos acordamos de tantos hombres o mujeres que tratan de transfigurar nuestro mundo en belleza que lo redima. Poetas, artistas y artesanos de todo tipo, vienen a rescatar nuestro mundo para la belleza, que dé sentido y valor a nuestro vivir y habitar, poéticamente, creativamente, humanamente, la tierra.
Los temas del arte no todos reflejan bondad, belleza, verdad; pero tocados por el artista, nos los devuelve llenos de sentido, donde lo horroroso o hasta cruel, lo feo o desalmado, la mentira o manipulación, se nos muestran en su indignidad, en su no ser dignos del ser humano. En sus propuestas artísticas muestran nuestra redención, como seres humanos llamados a una nobleza a lo divino y a una serena fraternidad a lo humano. Esto vale para las Fallas como lo mismo para la Cuaresma.
Por último, el fuego purificador que da lugar al renacimiento, no desentona del camino de la Cuaresma hacia la celebración del Misterio Pascual, precisamente en la Vigilia del Sábado Santo, que comienza con el fuego nuevo para el nuevo Cirio Pascual, introduciéndonos en el rito bautismal del nacer de nuevo en Jesús Resucitado. Y ahí viene concordando la fiesta cristiana de la Pascua con tantos ritos de la religiosidad primitiva de la humanidad, donde el fuego es sacramento esencial para la vivencia buscada en el año nuevo, o en los solsticios de invierno y de verano, marcando todo paso del morir y del renacer.